Estaba sentado en mi trono ayer y le dije a una hermana novata que prendiese la radio con sus dientes. La muy tonta accedió y al presionar el botón, sus dientes volaron atravesando un cuadro del niño Jesús.
Tuvimos que tomar medidas inmediatamente y le devolvimos 12000 azotes por degradar la imagen de Cristo.
Ahora bien, el locutor de un programa poco cristiano de la radio, comentó que en el salón bailable de Cumbias había aparecido un hombre bien vestido, con un auto de costo incalculable que largaba luces cada vez que abría la boca.
Contó que era el MISMÍSIMO DIABLO. Este regaló bebidas alcohólicas y drogas a los menores de 12 años que estaban en el lugar y a media noche: abrió la boca, lanzó un huracán de fuego y luces y salió volando por el techo hasta la luna.
En la parroquia y los hogares cercanos estamos con mucho temor a represalias de parte de él por ser buenos hijos de Dios.
Ayer fueron morochos en un club para cumbieros, mañana podría ser un hombre blanco en una capilla. Piénsenlo.
El diablo se manifiesta de muchas formas y puede atacarnos hasta cuando dormimos, miramos una nube o tomamos agua de un vaso.
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